Di ToroQuiero que pienses qué miedos te transmitieron tus padres. Dios quiere que dejes de ser la "gran madre" o el "gran padre", y te trasformes en una mujer y en un varón que tenga sus propios sueños. El Señor quiere que dejes de dominar todas las situaciones, que dejes de querer dominar a tu marido, a tu esposa, a tus hijos. Pensá cuáles son las ataduras que tenés que cortar con tus padres y cuáles las que tenés que cortar con tus hijos, porque Dios te llama a tierra de libertad. Dios nos llama a sembrar en nuestros hijos vida y no muerte. Nuestros hijos están cansados de que lloremos en sus espaldas nuestro dolor, nuestros fracasos, nuestros errores, nuestros negocios mal hechos, nuestros problemas. Ellos quieren que les demos el día sabático, el espacio para vivir su propia vida y poder aplicar todo lo que han aprendido, pero por sobre todas las cosas, para tener una relación personal con Dios, para que también Dios los pueda llamar a ellos "padre de multitudes", el padre o la madre de sus propios sueños. Dominio propio no es "tragarse" las cosas, sino mirar todo en su justa dimensión, en su justa medida. Dominio propio es dejar de dramatizar cada situación con nuestros hijos y aprender a confiar un poquito más en lo que le enseñamos, en lo que ellos van a lograr en la vida no solamente por lo que nosotros les dimos, sino porque construiste una relación con Dios. Si tenés un hijo chico que está pasando por un problema, construí cada vez más fuerte tu relación con Dios, porque esa es la bendición que le va a bajar a tus hijos. Si tus hijos ya son grandes, deciles que tu vida fue de tierra de muerte a tierra de vida porque te atreviste a construir una relación con Dios. Te puedo asegurar que tus hijos van a salir adelante, van a bendecir con su boca a Dios, y vos lo vas a ver. Tus hijos te escuchan, tus hijos saben. Ellos han visto tu vida y saben que siempre hay futuro para vos y para ellos. Dios va a hacer algo glorioso en este tiempo con nuestros hijos, pero nosotros tenemos que sembrar en ellos tierra de libertad, tierra de vida y no espíritu de muerte. Amén. Alejandra Stamateas


